miércoles, 29 de marzo de 2017

PESQUISAS TOPONÍMICAS EN TORNO A INKILLTAMBO, LA MICROCUENCA SAGRADA DEL INCA

Mario Ramos Tacca


Complejo arqueológico de Inkiltambo - Cusco
Con el propósito de explorar la peculiaridad toponímica en el circuito turístico del Cusco contemporáneo, nuestras observaciones se detienen, esta vez, en los bellísimos parajes de <Inkilltambo>, <K’allachaka>, <Wayna> y <Machu Choquekirao>, “la Micro Cuenca Sagrada del Inca”, legado cultural prehispánico comprendido en los actuales territorios de la antigua capital del Tahuantinsuyo.

Ubicada a una hora de la urbe cusqueña, en la jurisdicción de la Comunidad Campesina de Huerto en el distrito de San Sebastián, el acceso hacia la micro cuenca inicia por el barrio Alto Los Incas y, mientras avanza su recorrido, aparece frente a nosotros la imagen de un mundo distinto al que normalmente observamos en la ciudad. El aire puro, la flora nativa, los arroyos de agua cristalina y la fauna diversa nos conducen a un espacio lleno de belleza paisajística, matizado por una extraordinaria muestra de riqueza arquitectónica de la época inca y preinca.
       
Realmente, se trata de una geografía maravillosa, pues a cada extremo del lugar se pueden observar construcciones prehispánicas. Unas, abandonadas y otras en regular estado de conservación, esperando la intervención de las autoridades.
            
En efecto, las evidencias toponímicas del lugar permitieron encontrarnos con un corpus léxico de nombres propios y observar en ellas las características de su estructura morfosintáctica originaria. Estas muestras, a primera vista, nos permiten aseverar que la cuenca estuvo ocupada por distintas generaciones de habitantes bilingües del Cusco antiguo. Reiteramos que el lugar es “sagrado” por la existencia de huacas, construcciones ceremoniales, cementerios, terraplenes y andenería agrícola milenaria que flanquea el serpenteante trazo del Qhapaq Ñan que conduce hacia el Antisuyo. A unos metros más al fondo, aparece la excelsa imagen de <Wayna> y <Machu Choquekirao> que no hace mucho han sido intervenidas como parte de los trabajos de recuperación y puesta en valor de los complejos arqueológicos del circuito turístico del valle del Cusco.
         
   <Wayna> y <Machu Choquekirao>, según la descripción lingüística presenta una composición morfológica híbrida de confluencia de vocablos procedentes de la antigua lengua puquina, la lengua particular de los incas, según Garcilaso de la Vega (1609), el aimara y finalmente, el quechua.

De modo que la descripción estructural de los vocablos, nos alcanzan la siguiente información obtenida a partir de las últimas investigaciones en onomástica andina y contrastadas con fuentes lexicográficas primarias de los siglos XVI y XVII tanto para el quechua, el aimara y el puquina.

En consecuencia, Fray Domingo de Santo Tomás (1560), el Nebrija andino, en su “Vocabulario de la lengua general de los indios del Perú, llamada Quichua” define <Wayna> como “mozo, mancebo” y nosotros proponemos “reciente” en términos del tiempo transcurrido y <Machu> “antiguo” de origen quechua, respectivamente. Por otro lado, <Choque> “oro” en aimara, según Bertonio (1612) y <Quirao> formante puquina “empalizada o reducto cerrado de oro” que devienen en Wayna Choquekirao “reciente o joven reducto cerrado de oro” y Machu Choquekirao “antiguo reducto cerrado de oro”. En efecto, si uno observa detenidamente el panorama, la descripción coincide con las características geográficas de la zona, pues la explicación adquiere objetividad debido a que nuestros ancestros tenían por regla y motivación general acuñar los nombres destacando la peculiaridad geográfica de los lugares.

En el trayecto, otro espacio de condiciones formidables es <K’allachaka>, topónimo compuesto por un híbrido nominal quechumara: <K’alla> de origen aimara y <chaka> “puente” de procedencia quechua. Analizando, el Diccionario Aimara-Castellano del PEEB Puno (1985), define <K’alla> como “ave, lorito” y Bertonio (1612) en el Vocabulario de la Lengua Aymara la describe como <Kalla, kalla> con el significado de “periquito, paxaro”. De modo que la descripción toponímica se definiría como “puente posadero de los periquitos” seguro motivada por la frecuencia con que estas aves merodeaban el lugar.  

Del mismo modo, en el recorrido, se pueden apreciar los antiguos hornos coloniales de teja y cal, hecho que evidencia que la zona, también, fue ocupada por los españoles y utilizada como fuente de abastecimiento de materia prima para las construcciones virreinales del Cusco colonial.

Un poco más al fondo, sobre un empinado de características majestuosas, aparece una formidable estructura construida en un lugar estratégico. Se trata del Centro Ceremonial de <Inkilltambo>. Morfológicamente, este topónimo está formado por dos étimos de origen quechua <Inkill> “flor”, según el Vocabulario de la Lengua General de Todo el Perú, Llamada Lengua Qquichua o del Inca de Diego Gonzales Holguín (1608). Del mismo modo, el Vocabulario Políglota Incaico (1905) la define como “Flor olorosa” y <Tambo>, con rasgos del quechua chinchaisuyo, se define como “alojamiento, mesón” según el Diccionario del Quechua Sureño Unificado de Cerrón-Palomino (1988). De modo que la lectura del topónimo nos alcanza el significado de “mesón con abundantes flores aromáticas”. Se trata, pues de un complejo habitacional construido con fines religiosos, debido a que en el lugar se puede apreciar una huaca con recintos y espacios sagrados destinados al adoratorio de los dioses de la época.
            
En la actualidad, el complejo <Inkilltambo> está intervenido por el Ministerio de Cultura con trabajos de recuperación a cargo de la arqueóloga Maritza Quispe Cuiro y una cuadrilla de obreros liderados por don Nerio Huillca quienes manifiestan que el proyecto, después de cuatro años de intervención, culminará en noviembre de 2016, lo que indica que los trabajos quedarán en un 70% de su avance. Para el 2017, se espera que desde el ejecutivo se destine otra partida presupuestal significativa para la culminación de la obra.
            
Finalmente, esperamos que con este rastreo lingüístico, podamos aportar, en parte, a dilucidar el complejo panorama de la onomástica andina  en la ciudad del Cusco.
Publicado en Suplemento Cultural "Inkari" Diario El Sol del Cusco. 2017.

EL SUSTRATO QUECHUA EN DISCURSOS DEL HABLA COTIDIANA CUZQUEÑA

Mario Ramos Tacca


1.    INTRODUCCIÓN

El presente artículo tiene la finalidad de analizar y describir, un conglomerado de muestras discursivas bilingües extraídas del habla peculiar cuzqueña, contextualizada en diversas situaciones comunicativas correspondientes al acrolecto, mesolecto y basilecto de la norma regional.

Haciendo una retrospección, un antecedente histórico nos indica que el fenómeno del sustrato lingüístico, en nuestro contexto, se inicia con la llegada de los españoles al continente americano y los consecuentes contactos y desplazamientos lingüísticos que se experimentaron entre lenguas a partir del siglo XVI. En ese sentido, podemos asegurar que el fenómeno observado es como el sello característico que las variedades del español actual, de esta parte del continente, han adoptado y que técnicamente es tipificado por los estudiosos como “castellano andino o tipo 1”

Por lo mismo, como un paso previo, quisiéramos exponer de modo somero, los diferentes planteamientos teóricos, definiciones y los argumentos que contextualizan de manera contundente la exposición que sostenemos y que servirán como justificación del marco en los que se dan los discursos cotidianos del habla cuzqueña contemporánea. 

En efecto, una primera aproximación nos la ofrece Luna (2005) quien en su Diccionario Básico de Lingüística explica que el fenómeno aludido se define como un “conjunto de fenómenos lingüísticos resultado de la influencia de una lengua aborigen en la lengua de los conquistadores. Así, los nahuatlismos tiza y chocolate y el quechuismo papa pasaron a formar parte del caudal léxico del español” (p. 222).

De esta manera, podemos tener un claro panorama del sustrato y contextualizarlo analizando cada caso a partir de los extractos discursivos cotidianos en base a ejemplos específicos.

Por otra parte, Gonzales (2003) al  respecto opina “conforme la lengua nueva se va imponiendo progresivamente, pueden quedar de forma permanente algunos rasgos (léxicos, fonéticos, morfosintácticos) de las lenguas antiguas. Esta influencia se llama sustrato lingüístico, o influencia por sustrato”. Ampliando, la misma autora explica que “en este caso, nos referimos al contacto entre el español y el quechua cuya huella indeleble pervive tiñendo las estructuras más profundas de la lengua invasora con rasgos lingüísticos propios que paulatinamente fue asimilando en forma de préstamos y calcos lingüísticos”. (p. 251).

Por su parte, la RAE (2014), define el sustrato como “la lengua que ejerce una influencia en otra instalada posteriormente en el mismo territorio”.

De modo que al exponer los discursos de acuerdo a la variedad a la que pertenecen, Pérez (2004) los precisa del siguiente modo:

Delimitar exactamente cuántas variedades geográficas existen en el Perú es una labor imposible ya que incluso en habla de lugares muy cercanos puede distinguirse por algunos pocos rasgos lingüísticos. Por esta razón se suele identificar las variedades en términos generales, como “el castellano de Piura” o “el castellano de Ayacucho”, aun cuando sabemos que no se habla igual en todos los puntos de regiones tan amplias. Las distintas variedades presentan particularidades en diferentes niveles lingüísticos y es, justamente, la comparación de sus rasgos lo que permite su delimitación. (pp. 43, 44)

En consecuencia, coincidimos con lo anterior, en que las personas hablamos de manera diferente según el lugar o la región donde habitamos. A esta peculiaridad de la lengua se conoce con el nombre de “variedades geográficas o regionales”.

Pero en materia de variaciones sociolingüísticas del castellano en el Perú, consideramos necesario referir el trabajo pionero de Escobar (1978) quien en su amplio tratado nos ofrece una explicación sobre el tema abordado y delimita las fronteras específicas de los ejes diastrático, diatópico y diafásico del español andino. De modo que en el capítulo 2: “El castellano en el Perú” nos dice que “esos soldados y futuros colonos que en oleadas sucesivas se habrían de asentar en los territorios que irían sometiendo en su marcha hacia el sur, habían traído consigo una lengua común: el castellano. […] y de esa forma empezó la interacción de los mundos andino e hispánico y el contacto entre ambas lenguas” (p.58).      

Por otro lado, Cerrón-Palomino (2009), coincidiendo con los puntos de vista anteriores, sostiene que “el fenómeno del sustrato quechua en el español de América se produce, en nuestro medio, a partir del siglo XVI con la llegada de los españoles colonizadores. También es acertado indicar que este fenómeno se dio por el contacto entre lenguas de disímil genealogía, dando lugar a la aparición de un nueva variante con matices especiales de la lengua dominada”. (p. 224)

Quizá, como el autor recalca en otros lugares, no solo se trata del sustrato quechua, sino, también del aimara, pues, los contactos y desplazamientos entre estas lenguas se produjo por un largo tiempo y responde a un fenómeno actual que aún pervive en las sociedades diglósicas en el que interactúan numerosos grupos de bilingües español-quechua, español-aimara y otros que corresponde a la Amazonía peruana.

Por lo mismo, estamos seguros que dicho fenómeno se viene suscitando, recreando y revitalizando con una dinámica lingüística sorprendente en el contexto comunicativo de los habitantes cuzqueños contemporáneos de las zonas rurales y urbanas de la región y sus trece provincias.

De esta manera, con el presente estudio, pretendemos coadyuvar y conocer de cerca la problemática abordada y sus diferentes manifestaciones.

2.    MATERIALES Y MÉTODOS

Haciendo un énfasis especial en el estudio de los préstamos lexicales y sus correlatos, la etiología del fenómeno tiene lugar en el fragor de las recientes contiendas electorales vividas en el país, entre los periodos electorales de 2014 y el 2016. Durante ese prolongado lapso, todo el mundo se vio bombardeado por mensajes publicitarios provenientes de diversos medios y, en esas circunstancias, por casualidad pudimos ubicar un librillo que lleva un irónico título: “Quechuañol, para Todos” elaborado por la desenfrenada inquietud de un grupo de militantes del Partido Humanista Peruano, cuyo candidato se promocionaba al Municipio Provincial del Cusco el año 2014.

Basándonos en el contenido de este texto, deseamos centrar nuestra atención en el caudal discursivo-contextual organizado dentro de sus 34 minipáginas, pues, consideramos que el corpus acopiado por estos perspicaces editores, tiene una validez pragmática y sociolingüística poco estudiada y difundida en nuestro medio.

Una vez aclarado el contexto semántico del tema e ingresando a desmenuzar los contenidos. En el título del texto se puede leer un uso no muy común de una construcción híbrida con vocablos provenientes del quechua y el español: <Quechuañol> y del español e inglés <Quechuanglish>; es decir, la fusión de un glotónimo más la sílaba final de otro glotónimo extranjero. En la contraportada se observa una llamativa introducción diglósica con el titulillo de: “Ilustres llaqtamasis” con pluralización del gentilicio quechua a la española.      

Es más, a lo largo de sus más de 750 mini entradas, el diccionario expone muestras de definiciones pragmáticas, acompañadas de una contextualización del vocablo enmarcado un evento discursivo propio del habla cuzqueña correspondiente a los estratos sociales: mestizo medio y bajo.

Seguidamente, el texto define un término de uso común en el campo de la política y otros ámbitos: “Iskay uya (sust.) Dos caras. Se llama así a las personas que muestran doblez en su conducta”. Y en el contexto discursivo, aparece: “Basta de apoyar a estos iskayuyas de siempre”       

Así, en el breve diccionario podemos apreciar definiciones con las más ocurrentes y atrevidas descripciones, desde la letra “A” hasta la “Z”.
De modo que, los procedimientos del diseño de investigación, las técnicas y procedimientos para la selección de la muestra corresponden al enfoque cualitativo de recolección e interpretación de datos.

3.    RESULTADOS Y DISCUSIONES

Para el análisis del corpus, se ha seleccionado una muestra representativa de carácter cualitativo que comprende cinco entradas alfabéticamente ordenadas y sus equivalentes en discursos contextuales. De modo que este procedimiento, permite describir la forma y el fondo de los eventos comunicativos, para cuyo efecto, se utiliza el esquema de elaboración que comprende: la exposición de la entrada, el discurso contextual seguido de la descripción léxica y los rasgos fonético-fonológicos característicos; respetando la transcripción del componente lexical tal y conforme aparece en la fuente primaria de consulta.

Es más, podemos decir que los criterios que adoptamos para este estudio, responden a las características generales de la variedad diatópica, diastrática y diafásica del “castellano andino”, dentro del cual, se encuentra inscrito el habla cuzqueña como medio de comunicación de los qosqorunas.

Por lo mismo, las distintas maneras de hablar que se utilizan en los diálogos de la vida cotidiana, de acuerdo a la situación comunicativa, se conoce como “variedades situacionales o registro”; casos que corresponden al español hablado por habitantes de la urbe cuzqueña en el que se observa la presencia del sustrato quechua en construcciones castellanas. Motivo por el cual, consideramos adecuado exponer el análisis descriptivo, siguiendo los procedimientos como a continuación exponemos:

1.    <AKASIKI> (Adj.) Qué no se limpia bien el poto. Se usa para designar a los muchachos imberbes e inexpertos.

a.    Situación comunicativa: “Estos akasikis … ¡qué van a saber enamorar a una mujer!”

b.    Descripción lingüística. Se observa que el hablante ha introducido en el discurso un vocablo (adjetivo) del quechua: “Akasiki” (imberbe/cagón) como préstamo y su correspondiente asimilación para darle un énfasis peculiar al discurso cotidiano coloquial. De acuerdo a su peculiaridad sonora, la expresión parece no presentar alteración fonética alguna.

Sin embargo, en el nivel de entonación, se observa que el vocablo conserva el acento grave propio del repertorio lexical quechua, más la pronunciación del mismo en número plural. En cuanto a las características morfosintácticas, la construcción claramente refleja un ordenamiento de sujeto y predicado respetando las estructuras del español estándar. En el sintagma nominal (estos akasikis) se observa la concordancia de género y número entre el sustantivo y el modificador más la frase exclamativa, lo que ratifica que la expresión presenta un nivel de construcción adecuada dentro de la variedad regional.

2.    <CUENTO Q’EPE> (Sust.) Atado de cuentos, refiérese al infaltable correveidile, chismoso y a veces perjudicial bicho cizañero-a, aunque también puede resultar motivo de chanzas y algarabía.

a.       Situación comunicativa: “Y quién habrá sido el cuentoq’epe que ha ido con el chisme a mi mujer”

b.      Descripción lingüística. La frase presenta una hibridez diglósica con pronunciación grave, tanto en el vocablo español y el quechua. En el plano morfosintáctico, la expresión presenta concurrencia de un nombre y un adjetivo que funciona como modificador directo y la consecuente sonorización vocálica vacilante en el monema quechua.

3.      <CHARANQ’ARA> (Sust.) Mariposa. Nombre para aludir a las warmis regalonas que atendían en las chicherías, flappers andinas que revoloteando de mesa en mesa, se prodigaban en coqueteos con los parroquianos.

a.       Situación comunicativa: ¿Qué cosa me hablas oye? Anda nomás a recoger a la charanq’ara de tu mujer” /Chuchumeca/ranfla/ofrecida.

b.      Descripción lingüística.- Esta expresión presenta la concurrencia de un par de vocablos de origen quechua ch’aran y qara. Respecto a la fonética, ambos vocablos respetan la  pronunciación propia del quechua. El componente morfosintáctico presenta concurrencia de sujeto y adjetivo, pero con preponderancia de la sintaxis quechua: primero el adjetivo, luego el sustantivo modificado.

4.      <CH’ASKA ÑAWI> (Adj.) Ojos de lucero. Persona de mirada radiante, úsase mucho para lisonjear a las warmis enamoradas.

a.       Situación comunicativa: “Ay, mi ch’askañawi, por ti hasta trabajo buscaría”.

b.      Descripción léxica.- La frase introducida presenta la unión de dos vocablos quechua: un sustantivo y un adjetivo en función calificativa. El acento es grave y la sintaxis es propia del quechua, es decir, leyendo de derecha a izquierda primero va el sustantivo, luego el adjetivo.  

5.      <HAWANUKHU> (Adv.) Afuera adentro. Refiérese a una labor hecha a las apuradas y por tanto de acabado burdo e improvisado.

a.       Situación comunicativa: “Claro, como es para su entenado, todo hawan ukhu nomás lo ha cosido esta wailaka (waylaka), pero si fuera para su marido gringo …”

b.      Descripción lingüística. Concurrencia adverbial de dos vocablos quechua con sentidos opuestos. El acento es grave y la sintaxis presenta una distribución de elemento modificador y modificado.  

4.   CONCLUSIONES

Finalmente, en procura de alcanzar los objetivos planteados en el presente estudio. Quisiéramos exponer las conclusiones sociolingüísticas a las que arribamos:

Primera. Que a través del estudio emprendido se pudo comprobar la trascendencia del fenómeno lingüístico descrito en el español contemporáneo de la región Cuzco. De modo que el tema en cuestión debe ser objeto de más estudios enfocados desde una perspectiva relativista, hecho que nos permita obtener respuestas variadas al problema planteado desde una perspectiva sociolingüística y pragmática.

Segunda. Sugerimos desarrollar mayores trabajos de investigación del español andino desde el enfoque cualitativo de la investigación y la etnografía, pues a través de ellas podemos explorar aspectos poco conocidos y complejos de los fenómenos lingüísticos descritos y su trascendencia en la interacción socio-cultural del poblador cuzqueño y su peculiar forma de hablar. 

Referencias
Cerrón-Palomino, R. (2009). Castellano andino. Aspectos sociolingüísticos, pedagógicos y gramaticales. Lima: PUCP
Escobar, A. (1978). Variaciones sociolingüísticas del castellano en el Perú. Lima: IEP
Gonzales, E. (2003). Lengua Castellana I. Piura: Universidad de Piura. Facultad de Ciencias de la Educación.  
Luna, T., Vigueras, A. & Baez, G., E. (2005). Diccionario básico de lingüística. México: UNAM
Pérez, J. I. (2004). Los castellanos del Perú. Lima: PROEDUCA-GTZ
Rodríguez, J., D. & Guevara, J. (2014). Quechuañol para Todos. Cuzco: Editorial HUMANISTA.

Publicado Revista TEXTUALIA N° 04. Cusco, diciembre de 2016.   

lunes, 23 de enero de 2017

Rasgos Puquina, Aimara y Quechua en la Toponimia de Melgar

Aportes para un debate lingüístico

Escribe: Mario Ramos Tacca
0.      Cuestiones previas

Provincia de Melgar - Puno
Sobre la toponimia de la provincia de Melgar, mucho se ha especulado en los últimos tiempos. Propios y extraños se han aventurado a explicar el tema desde distintas posturas. En particular, han sido los profesionales de la educación quienes han incursionado con mayor entusiasmo en este espinoso campo, debido a que muchos de ellos asumieron la responsabilidad de escribir las monografías de sus lugares de origen y/o trabajo, y con conocimiento de causa o no, urdieron intuitivas explicaciones, desde la perspectiva quechua, que el saber popular con el paso del tiempo fue tomándolos como verdaderos. Quizá muchas de esas explicaciones fueron concebidas bajo el influjo de las influyentes ideas de Pacheco Zegarra y los añejos historiadores como Riva-Agüero, quien se constituye en uno de los más fervientes defensores de la tesis del “quechuismos primitivo” para todos los acontecimientos pre y post inca después de Garcilaso de la Vega.
Por otro lado, enfocando el tema desde la línea del “aimarismo primitivo”, Middendorf, principal propulsor de esta postura y, en nuestro medio, Bustinza Menendez, nos alcanza explicaciones valederas que se aproximan a un abordaje científico del tema. Apoyado en esta postura, Bustinza intenta explicar el origen del topónimo <Ayaviri> y <Umachiri> recurriendo a fuentes como el puquina, callahuaya, uriquilla, aimara y al quechua como veremos más adelante.
El argumento base de esta postura, es que las lenguas aludidas fueron  habladas con mucha anterioridad que el quechua en territorio altiplánico; hecho que nos invita a reflexionar y repensar el tema, sugiriéndonos emprender mayores trabajos de investigación, apoyados fundamentalmente en la lingüística andina.  
De modo que el presente artículo tiene el propósito de alcanzar una explicación descriptiva basada en investigaciones lingüísticas que pretenden dilucidar el tema en cuestión a partir de argumentos que sostienen la presencia del puquina y el aimara como lenguas primordiales habladas por los antiguos habitantes de esta parte del territorio collavino.
Por lo demás, quizá sea tiempo de desechar los conceptos erráticos que hasta la fecha, no han hecho otra cosa que, oficializar un conocimiento especulativo y erróneo sobre el tema, dando lugar, a que generaciones y generaciones de ayavireños entiendan el caso solamente a partir de un aparente quechuismo tardío. Tal vez, esto se debe a que no se tuvo conocimiento expreso de que el quechua llega al altiplano con posterioridad, solo a partir de la incursión del Inca Sinchi Roca y Lloque Yupanqui (Garcilaso, 1609) quienes impondrían y oficializarían el uso de esta lengua en territorios conquistados de anterior habla puquina, callahuaya, uro y aimara.
Por lo mismo, para los intereses del presente enfoque, nuestra explicación tendrá como eje vertebrador los estudios de onomástica andina emprendidos a partir de los planteamientos contemporáneos en materia de Lingüística Andina, con preponderancia en el aimara, sin desmedro de la existencia de rasgos lexicales característicos de origen puquina y uro que probablemente están presentes en el corpus de la toponimia dentro del territorio estudiado. Empero, a falta de información bibliografía especializada en materia del puquina y el uro, por el momento, nos reservamos el derecho de especular sobre el tema expuesto.  

1.      Descripción morfo-sintáctica del corpus lingüístico.

1.1.                 <Antauta>
Lexema híbrido quechumara: Anta-uta está compuesto por dos morfemas lexicales: un lexema nominal de origen quechua <Anta> y otro de origen aimara <uta>.
Para una correcta interpretación lingüística del topónimo, nos hemos permitido consultar fuentes bibliográficas del siglo XVI y posteriores debido a que éstas registran, en cierta medida, los rasgos del cambio, superposición, contacto y desplazamientos lingüísticos anteriores. Así, según el Vocabulario políglota incaico (1905) del Colegio de Propaganda Fide del Perú, la acepción que se le asigna al vocablo Anta es el de “cobre” y el Vocabulario de la lengua aimara de Ludovico Bertonio (1612) asigna a uta, la significación de “casa cubierta”.
Como se puede observar, el resultado del encuentro entre dos lexemas provenientes de lenguas diferentes, evidencian los contactos y desplazamientos lingüísticos de la que fueron objeto las lenguas por un lapso prolongado dentro del territorio collavino, hasta que se oficializa el proceso de quechuización entre los puquina, callahuaya, uro y aimara con la llegada de los últimos incas expansionistas.
Ahora, auscultando el significado que posee el topónimo en cuestión y procediendo a su correcta lectura de derecha a izquierda y, no de izquierda a derecha como ocurre con la lectura e interpretación en el español. El significado ciertamente metafórico sería “casa cubierta de cobre” o “casa con presencia de cobre” considerando que los espacios que poseen riquezas de un tipo o carácter, eran conocidos por nuestros antepasados como uta “casa”, tal como ocurre con el topónimo Waka-uta ubicado en el distrito de Macarí y Willka-n-uta, huaca pre-inca situada entre los límites de Cuzco y Puno.
Por consiguiente, la motivación que llevó a los antiguos habitantes de este lugar a denominar de ese modo su territorio, obedece simplemente a que todo estaba circunscrito a la descripción sistemática del espacio y a la caracterización de las cosas de acuerdo a sus peculiaridades más resaltantes. Así lo demuestra, en la actualidad, la actividad minero cuprífera que se viene desarrollando en <Antauta> por más de cincuenta años.

1.2.                 <Ayaviri>

Es el milenario nombre de la actual capital de la provincia de Melgar, y como tal, su toponimia ha sido interpretada, primordialmente, desde la postura quechua.
Con el transcurrir de los años y conforme avanzan las investigaciones, Bustinza (2008) en un artículo publicado en la Revista “Alborada Andina” N° 03, nos alcanza una explicación distinta a la sostenida por los ayavireños más entusiasmados y defensores del “quechuismo primitivo”. En el numeral 4 de su extenso artículo el mencionado autor explica contundentemente: “AYAVIRI, es una voz aymará que deriva de la palabra “Ayawi” al agregársele el sufijo “iri” se forma la palabra “Aya-wi-iri” la cual por castellanización se convierte en la palabra Ayaviri. Como topónimo significa: “lugar en donde viven los hilanderos”, como antropónimo significa también “los que hilan” o sea “los hilanderos”. Esta denominación guarda estrecha relación con la versión histórica del desarrollo de este pueblo, el cual al ser eminentemente ganadero (criador de llamas, alpacas, luego de ovinos) estuvo dedicado a fabricar hilados y tejidos derivados de estas actividades hasta muy entrada la colonia, en donde los españoles habían establecido obrajes dedicados al hilado. Esta afirmación se corrobora con el hecho de que los indios aymaraes durante la visita del Virrey Toledo en 1572 pagaban sus tributos en hilados y Ropa de Awasqa, dándoseles lana para ello por el encomendero. Estos obrajes fueron destruidos durante la Revolución de Túpac Amaru II en 1781”.       
Como se puede apreciar, en mérito a las hipótesis sostenidas por este acucioso investigador que tiene como punto de partida la lengua aimara, pudimos develar con mayor detalle las aseveraciones que hoy sostenemos. Y gracias a los aportes del lingüista Cerrón-Palomino y otros en materia de onomástica andina, tuvimos mayor claridad sobre el tema. De modo que, al realizar un minucioso examen morfémico de los elementos formativos del topónimo, nos encontramos con que ellos tienen un típico origen aimara, como a continuación exponemos:
<Ayaviri> es un topónimo que está compuesto por un radical aya- y los formantes sufijales: derivador -wi- “lugar donde ocurre o existe algo” o “lugar con” y el agentivo –iri- de origen aimara con pérdida de la primera vocal débil –i por efecto de la elisión vocálica que es procedimiento morfofonémico general del aimara al anexar sufijos a la base.
Ludovico Bertonio (1612) en el Vocabulario de la lengua aimara describe el compuesto –wiri como “la punta de madera muy dura que echan al arado” o “lanceta de hilo”. Entonces, se puede decir que el radical acompañado por estos formantes deriva en “lugar en el que existen ayas”. De modo que las “ayas” según la información que venimos consultando sería el resultado del radical nominal aya- que según el clérigo significa: “un huso de hilo, lo que comúnmente hilan de una vez en un huso, o husada”.
Por lo mismo, refiriendo a las conclusiones a las que arriba Bustinza en el su artículo. En la quinta asevera: “Ayaviri en aymara tiene varios orígenes etimológicos, así quiere decir a)”Lugar en donde viven los hilanderos”; b)”Los hilanderos”, c)”Cuartel general con muchos soldados”; d)”Pueblo de frontera Qolla”, “Inmortal”, “Adalid”, etc. f)”Pueblo sobre el Río que viene desde muy lejos”.
Nosotros coincidimos con los primeros, de modo que, el análisis nos lleva a concluir que la motivación fundamental que habría originado el nombre del lugar, es metafórica y se debió a que la zona, antiguamente, estuvo poblada por expertos tejedores debido a la existencia de abundante ganado auquénido de cuya lana se elaboraban una infinidad de prendas y objetos ornamentales.
Finalmente, de modo comparativo, la misma derivación morfológica podemos ubicar en los muestras: <Ayavile> (Vilque, Puno) y para el morfema sufijal –wiri en el topónimo <Ocuviri> (Lampa). 

1.3. <Cupi>
Este topónimo presenta una raíz nominal de origen puquina. Quizá el único en todo el ámbito provincial con esta característica. Aparece como préstamo al aimara debido a que estas lenguas fueron objeto de contactos y desplazamientos desde tiempos milenarios. Así, el Diccionario Aymara–Castellano del PEEB Puno (1984) presenta una entrada Kupi con el significado de “derecho” y el Vocabulario Políglota Incaico (1905) registra una entrada <Cupi>, nombre con significado: “derecha”.
Pero es Torero (1987) que en “Lenguas y pueblos altiplánicos en torno al siglo XVI”, en el anexo de su trabajo glotocronológico y lexicoestadístico del puquina, registra un nombre <cupi> con los significados: “diestra, mano derecha”. De modo que interpretando la significación del topónimo, estaríamos frente a un nombre de corte metafórico que refiere a una milenaria población de habla aimara, asentada en el “flanco derecho” de las principales huacas y apus de la zona.
 
1.4.     <Llalli>    

Según nuestras averiguaciones, se trata de un etnónimo de origen aimara. Desde esta postura, el Diccionario Aymara-Castellano del PEEB Puno (1984) registra la entrada Llalli con una doble acepción: 1. Poder excepcional; 2. Amuleto (antig.) Para una correcta interpretación del topónimo referido, nos interesa recuperar la segunda acepción que podría ser un arcaísmo aimara en los dialectos contemporáneos.
En consecuencia, desde el punto de vista morfológico <Llalli> está compuesto por un único radical nominal Lalli con significado de “amuleto”, significado que estaría asociado a las ofrendas de las deidades o los objetos que portaban los antiguos pobladores de la zona como símbolo religioso e idiosincrático.
No existe mayor información que pueda explicar lo contrario, excepto que el nombre tenga una filiación puquina y no aimara. Por lo que nos inclinamos a pensar que una explicación a partir del aimara se acerca más a dilucidar el tema, pues, sobre este asunto, la bibliografía consultada, poco o nada nos dice al respecto del puquina. Sin embargo, no dudamos que así sea, pues, realizando un rastreo de la toponimia menor en la zona, éste arroja resultados asociados al aimara; sirven como ejemplos: <Llamqaqhahua>, <Machaqmarca>, <Chechequeña>,  <Kapillani>, <Huanacomarca>, <Checcasica> etc. En todo caso, se descarta el concepto popular de Llalliq sostenido a partir del morfema verbal quechua “el que encabeza o lidera” como hasta ahora se ha venido sosteniendo erradamente.

1.5.     <Macarí> 

Este topónimo de clara motivación fitonímica es de filiación quechumara. Cerrón-Palomino (2002) nos alcanza algunos datos importantes sobre el lexema maca- y su tratamiento morfológico correspondiente, indicándonos que dicho morfema denota un origen aimara y quechua perteneciente al reino animal y vegetal. Por lo que la estructura morfológica comprendería una raíz nominal maca- proveniente del proto quechua/aimara *maqa- con el significado de “maca” fruto comestible de alto poder nutritivo; seguido del formante –ri (agentivo aimara) con acentuación española aguda que devendría en <Macarí> “lugar donde abunda la maca”. Maca-ra-y es una posible variante del nombre en mención.

1. 6. <Nuñoa>
Remitiéndonos a las fuentes más antiguas en materia de registro lingüístico aimara y quechua, Ludovico Bertonio (1612) en el Vocabulario aimara registra la entrada <ñuñu> con el significado de “el pecho, y también la leche que del sale”. Asimismo, Diego Gonzales Holguín (1608) en el Vocabulario de la Lengua General de Todo el Perú Llamada Lengua Qquichua o del Inca registra la entrada <Ñuñu> “la leche o teta, o ubre de mujer, o de toda animal”. Estas acepciones, por supuesto, nada tienen que ver con la motivación original del topónimo en mención. No estamos seguros sobre cuál de las lenguas fue la que dio origen al topónimo, pero por los procedimientos morfológicos de confluencia de lenguas en un mismo contexto, podemos estar seguros de que <Nuñoa> conglomera una raíz nominal <nuño> puede ser quechua o aimara y el formante aimara –wa que hace referencia a una característica topográfica del lugar.  
La característica esencial de los topónimos es que éstas presentan lexemas nominales en su estructura y describen características relevantes del espacio que detallan. De modo que estamos seguros que el nombre es de clara motivación fitonímica. Se origina a partir de un radical nominal <ñuñu> “alimento de aves” que según Venero (2012) en el libro Guía de Aves y Flora-Laguna de Orurillo la describe como una especie arbustiva perteneciente a la variedad solanácea, conocida en el medio con el nombre común de “ñuñu-ñuñu” (pescoq tomaten) y el formante –a, que a modo de reconstrucción debió responde a una muestra proto que devino en *ñuñu-wa. Morfosintacticamente el nombre nos lleva a pensar que su origen tiene motivación metafórica, pues el topónimo se habría producido debido a que en la zona existe abundancia de la especie arbustiva peculiar que en el habla de los antiguos pobladores de la zona se denomina “nuño-nuño” añadiendo el formante –a sería una forma derivada del sufijo aimara independiente validacional –wa que ingresado en el vocabulario de los españoles del lugar, devino en <Nuñoa>. De manera que realizando el análisis e interpretación de los elementos del topónimo tendríamos “lugar con presencia de abundantes nuños”. Así lo corroboran fuentes de internet consultadas y que dan cuenta de que el topónimo “Proviene del nombre de una planta medicinal que abunda en ese sector que se llama ñuño ñuño” (Fuente internet)
1.7.     <Orurillo>

De origen quechua-español. Para tener una idea más acertada sobre los procesos en que devino <Orurillo> realizamos un rastreo previo de los antecedentes del término  a través de las fuentes primarias de consulta. Así, Bertonio (1612) presenta una entrada aimara <Huru huru> con el significado de “Pueblo así llamado, y nuevamente poblado junto a las sepulturas donde en este tiempo hay grandes minas de plata”. Quizá el efecto reduplicado de la raíz tenga sus fundamentos en la doble ocupación y poblamiento de la misma zona desde épocas muy antiguas. Este rasgo nos hace concluir que el término se asocia con un etnónimo que está compuesto por el formante nominal quechua reduplicado <Uru – uru> que identifica a un grupo de antiguos habitantes de las riberas del Titicaca, lagos y lagunas del altiplano peruano-boliviano pre-inca.
De acuerdo a la motivación y procedimientos lingüísticos de los topónimos, el análisis nos obliga a ubicar un lexema nominal como base de su formación, de modo que, siguiendo ese hilo conductor, en el Vocabulario Políglota Incaico (1905) encontramos una entrada quechua nominal <uru> que lleva el significado de  “insecto” que esta vez sí coincide con los requerimientos morfológicos del topónimo, pero no satisface la caracterización semántica del vocablo. Asimismo, esta postura es corroborada por las investigaciones de Cerrón-Palomino (2005) quien explica que la etimología del término conduce a pensar que sería de origen quechua con un trasfondo de corte despectivo que servía para reconocer a un grupo de habitantes originarios del lago.
Como resultado de ello, tendríamos <Uru-ru> base nominal con caída de la vocal débil en el segundo segmento reduplicado para designar a los descendientes de la antigua civilización de los “Urus”, expertos pescadores asentados en las riberas de los lagos y lagunas del altiplano, tal y conforme se observa en la ciudad boliviana de Oruro, fundada en las proximidades del lago Poopó.
En consecuencia, la base nominal Uru más el sufijo diminutivo latino –illo que fue de uso común en el trucamiento de los nombres influenciados por la presencia del español y las lenguas andinas hasta mediados del siglo XVII, da como resultado <Orurillo>, según lo manifiesta el investigador Cerrón Palomino (2013) en un artículo científico dedicado a dilucidar el topónimo <Carabaillo>.

En conclusión, derivando los nombres, tenemos la raíz <Oruro> y el diminutivo <Orurillo> que semánticamente, devino en “el pequeño o menor Oruro” por compartir las mismas características de los poblados y asentamientos humanos establecidos en las orillas de los lagos desde tiempos milenarios.

1.8.     <Chungara> <Santa Rosa>

<Chungara> es la denominación primigenia que identificó a un grupo de habitantes aimarófonos de las vertientes del nudo del Vilcanota y asentados en las faldas de la cordillera del Khunurana. Santa Rosa viene a ser una denominación tardía de la época colonial en el que sus fundadores trasladaron los dominios de la antigua urbe de los Chuncara hacia un llano inclinado, muy propicio para fundar la nueva ciudad, capital de distrito.
Revisando la documentación temprana de los cronistas que hacen referencia a la población pre inca asentada en esos parajes altiplánicos, Garcilaso de la Vega (1609) quien al hacer referencia de la política expansiva de Sinchi Roca en territorio Collasuyo dice: “Y en espacio de los años que vivió, poco a poco, de la manera que se ha dicho, sin armas ni otro suceso que sea de contar, ensanchó sus términos por aquella banda hasta el pueblo que llaman Chuncara, que son veinte leguas adelante delo que su padre dejó ganado, con muchos pueblos que hay a una mano y a otra del camino”
Chuncara, se trató, pues, de una población prístina de aguerridos guerreros que antes de la llegada de los Incas ya formaban parte de la gran nación K’ana de habla aimara.
Por lo cual, el examen morofológico del nombre nos muestra que los segmentos están compuesto por un radical chunga- (Ch’unkara) con trastrocamiento consonántico de k > g que en boca de los quechuahablantes de posterior influencia en la zona, debió pronunciarse de este modo [Chungara].

Ludovico Bertonio (1612) no lo registra en su diccionario aimara, quizá por tratarse de una omisión involuntaria o quizá, porque el término corresponde a un arcaísmo relacionado al preprotoaimara hablado en la zona o tal vez, una voz proveniente del puquina.
Ampliando, <Chuncara> porta un formante ponderativo –ra que viene de la forma reduplicada intensificadora de *rara, tal y conforme aparece en nombres como <urqurara> y <qalarara>. Empero, es necesario explicar que ha sido muy complicado ubicar información específica sobre el tema en cuestión.
Sin embargo, según nuestro punto de vista, estas definiciones no concuerdan con la motivación intrínseca del topónimo, de modo que el significado del segmento aludido requería mayor indagación.
Siguiendo los procedimientos lingüísticos deductivos, el topónimo presenta una motivación primigenia de clara filiación fitonímica. <Chungara> significaría “lugar con abundante cchunkas” o “lugar donde abundan las chunkas” que creemos es el verdadero motivo que describe este espacio de milenarios habitantes aimarófonos.
Para sostener estos argumentos, nos apoyamos en información proveniente de la internet y, encontramos un nombre de lugar similar al referido dentro de territorio chileno, actual comprensión de la región Arica. Este refiere al “Lago Chungará” (en aimara: Ch’unkara, ‘musgo de la piedra’). La escritura es Ch’unkara, con glotalización de la consonante aspirada, y es la explicación más próxima a los mecanismos de descripción de los espacios geográficos que en épocas antiguas, se atribuía de acuerdo a ciertos rasgos característicos y relevantes del lugar. Por ello, estamos seguros que Chuncara/Ch’unkara es el “lugar con abundancia de musgos de piedra”.  

1.9.     <Umachiri>

De filiación netamente aimara. El topónimo de este distrito comprende una estructura formal compuesta por un radical <Uma> y dos formantes: -chi- (tematizador verbal) *ci = ca, y el agentivo –ri que al adherirse a la raíz forma una suerte de epíteto de motivación conmemorativa quizá referida a Tunupa, la milenaria deidad de los antiguos pobladores de la zona, tal como Rostworowski (2005) lo demuestra en sus investigaciones que al referirse al mencionado dios dice que “uno de los atributos, también relevantes, fue que éste era el dios de la lluvia que cae junto con la tormenta y fecunda la tierra. También es el dios de las fuentes, de los ríos por donde navegó antes de sumergirse en las profundidades de la tierra”. Del mismo modo, Bustinza (2015, 2016) corrobora los argumentos en favor de un origen aimara.
Agregando, hacemos referencia a los tiempos de influencia del imperio huari que dan cuenta de la dominación de los mismos en la zona (600-1000 d.C). Así lo expone el acucioso trabajo de Cerrón-Palomino (2004) que al referirse a la influencia cultural y lingüística de los huari, dice: “… que constituyen epítetos de cuño eminentemente aimara que recuerdan los atributos sobrenaturales de la divinidad huari, constructora de andenes y acueductos a lo largo de su paso civilizatorio”
Consultando a Bertonio (1612) y realizando el examen morfológico, tendríamos la raíz aimara Uma- (agua), seguido de los segmentos: tematizador y agentivo. En consecuencia, la descripción del lugar y la interpretación de esta estructura da como resultado “el (lugar) que provee agua” o “el (lugar) que genera agua”. Coincidentemente, el formante sufijal –chiri también aparece en los lexemas toponímicos como <Pampachiri> “el que provee de campos o pampas” en (Sicuani-Cuzco y Apurimac) y <Huarochiri> “el que construye andenes” en la sierra central de Lima.     
      
2.     Conclusiones y recomendaciones

En vista de los evidentes contactos, desplazamientos  y confluencias de las lenguas andinas (puquina, uro, callahuaya, aimara y quechua) en territorio ayavireño desde épocas prístinas; los resultados de este trabajo son contundentes en cuanto al corpus toponímico examinado y puede ser motivo para emprender mayores investigaciones que coadyuven a dilucidar con nítido acierto el complejo panorama de la onomástica andina en el altiplano melgarino, pues el vasto territorio collavino fue el escenario del origen y la  confluencia de varias lenguas y culturas. De modo que estamos en condiciones de sugerir mayores estudios de esta naturaleza en la línea de investigación que venimos sosteniendo.
Publicado en: Revista Dominical del Diario Los Andes de Puno - abril de 2016.